TALLER ESTRATEGIAS DE AUTOCUIDADO PARA EL BIENESTAR DOCENTE - Sesión N°3 "Neurociencia del bienestar: Interconexión entre cerebro, cuerpo y mente"
Al iniciar esta tercera semana, es valioso reconocer el camino recorrido hasta ahora. Más allá de los contenidos abordados, estas primeras semanas han sido una invitación a reconectar con la propia experiencia a través de la respiración, el cuerpo, las emociones y la atención al momento presente. En medio de las exigencias de la labor docente, estas prácticas ofrecen un espacio para volver a uno mismo y cultivar una relación más consciente y amable con la experiencia cotidiana.
La tercera sesión del taller de autocuidado, denominada “Neurociencia del bienestar: Interconexión entre cerebro, cuerpo y mente”, constituye una invitación a profundizar en la observación de la propia experiencia. A partir de algunos aportes de la neurociencia, se busca fortalecer la capacidad de dirigir y sostener la atención sobre aspectos que habitualmente pasan desapercibidos, como las sensaciones corporales, la respiración, los estados emocionales y los patrones de pensamiento que acompañan la vida cotidiana.
Tal como se ha sugerido en las sesiones anteriores, se recomienda tener a mano la bitácora para registrar las experiencias que surjan durante las prácticas de conciencia plena, así como las reflexiones y aprendizajes asociados a ellas. Este registro busca favorecer una mirada más atenta sobre uno mismo, permitiendo reconocer progresivamente cómo la calidad de nuestra atención influye en el cuidado personal, en la relación con los demás y en la manera en que enfrentamos los desafíos cotidianos.
Enlace a la Sesión N°4.
Cápsula de conocimiento
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Respecto a las acciones concretas para incorporar en mis rutinas, están la de prestar atención a cómo me encuentro hoy, cómo me siento, preguntas que me estoy haciendo y respondiendo cada mañana antes de iniciar la jornada de trabajo, de esta manera tomo conciencia de mi estado de ánimo (generalmente positivo y entusiasta) y procuro saludar a mis colegas con cariño y una sonrisa. ( es increíble cómo te responden de bien) este es mi autocuidado personal que repercute en el resto. Con respecto a los estudiantes , coon ellos he incorporado rutinas de prestar atención a algo que les guste mucho tener en su vida y que agradezcan por ello, cosas muy sencillas que al no tenerlas, al desaparecer de su vida los haría sentirse tristes. Esto con la intención de que aprendan a agradecer muchas cosas de las cuales dan por sentada. Comencé un diario de gratitud hace un tiempo y es increíble cómo van llegando cada día más cosas por las que agradecer
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También rescato mucho la idea de que “la historia que yo me cuento no es necesariamente la verdad”, porque nos invita a cuestionar nuestras propias interpretaciones y/o percepciones y a mirar las situaciones con mayor empatía y compasión. Creo que este aprendizaje es fundamental en nuestra labor docente, donde diariamente nos enfrentamos a distintas personalidades, emociones y situaciones que requieren paciencia y comprensión.
Me parece fabuloso, además, que hayas llevado estas prácticas al aula mediante la gratitud. Enseñar a nuestros estudiantes a reconocer y valorar aquellas pequeñas cosas que muchas veces damos por sentadas puede contribuir a que desarrollen una mirada más consciente sobre su propia vida.
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Aún no priorizo el autocuidado. Y a su vez voy reflexionando y entiendo que tiene que ver con la autovaloración que tengo, también mi crianza, viene a mi mente mi abuela que me educó tremendamente productiva, valorando siempre el producto más que el descanso. El descanso es de la gente floja… en estos momentos entiendo que tengo el poder de modificar esas creencias, con constancia gracias a la neuroplasticidad. Vuelvo a la reflexión y sigo respondiendo ya entendiendo que está solo en mi integrar el autocuidado como prioridad.
Considerando las demandas del quehacer docente: ¿Qué pequeñas acciones concretas podrían incorporarse en la rutina diaria para favorecer una mayor atención, presencia y autocuidado personal y de la comunidad docente?
Invocar la presencia, ejercicios de estiramientos, pausa activa, escuchar con presencia real las experiencias y el mundo interno de cada estudiante. Tienen tanto que enseñarnos, esa sonrisa permanente, amable, verse niños, pensar que haría yo si fuera “Maicol” tan alegre siempre y con una vida tan difícil… como se encuentran directamente con la alegría… y bueno, todo esto mencionado en el recinto educativo, sobre todo con mis colegas mayores, que como reflexione anteriormente parten su infancia como niñas que tuvieron que crecer más rápido, ser responsable tempranamente de hermanos pequeños según experiencias que me cuentan mis colegas… entre otras tantas y más situaciones difíciles que por cierto las alejan al igual que a mí del autocuidado, La mayoría son madres, siempre han cuidado, pero nadie las cuida a ellas, una vida completa sin bajar la guardia, para ellas quisiera con mi alma una comunidad educativa que las haga sentir cuidadas. Pero muchas de mis colegas son parcas… a mi parecer creo que lograrían un gran cambio si se les tratara amablemente, siempre explicando y guiando que el trato amable (al igual que con ellas) favorece en la enseñanza, relación con los niños y vinculación que por cierto ayuda a mejorar los aprendizajes y las relaciones interpersonales con colegas
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Considerando las demandas del quehacer docente: ¿Qué pequeñas acciones concretas podrían incorporarse en la rutina diaria para favorecer una mayor atención, presencia y autocuidado personal y de la comunidad docente?: 1. Incorporar pequeñas pausas activas de respiración consciente en medio de la clase. 2. Establecer límites claros entre el tiempo laboral y personal. 3. Promover espacios de escucha activa al inicio de las comunidades de aprendizaje o consejo de profesores.
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En este contexto, es importante incorporar pequeñas acciones que promuevan el autocuidado y el cuidado mutuo, como realizar pausas activas durante la jornada, practicar ejercicios de respiración consciente, mantener espacios de diálogo y apoyo entre colegas, respetar los tiempos de descanso y fomentar instancias de convivencia que fortalezcan el clima laboral. Estas acciones, aunque sencillas, contribuyen a una mayor atención, presencia y bienestar, permitiéndonos desempeñar nuestra labor docente de manera más saludable y sostenible.
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En el colegio procuro tener una rutina en donde pueda conversar con las colegas, en los tiempos de descanso, generar instancias de risas para liberar hormonas de felicidad. En momentos en que estoy sola y me siento agobiada, aplico respiraciones conscientes; luego, hago un listado de cosas por hacer y les voy dando prioridad para dar un poco de tranquilidad a mi mente. Creo que cada uno de nosotros podemos ser impulsores de una sana convivencia tanto con nosotros mismos, nuestras colegas, estudiantes y apoderadas.
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Es importante integrar prácticas de autocuidado en la formación docente para fortalecer la estabilidad emocional y el desempeño profesional.
Si hacemos del autocuidado una práctica cotidiana estaremos posibilitando trabajar de manera constante y creativa para desarrollar herramientas con las que podamos identificar y disminuir situaciones que impliquen desgaste laboral.
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Llevo 28 años ejerciendo esta hermosa profesión y, aunque me faltan cuatro años para jubilar, no tengo intención de hacerlo todavía. A lo largo de mi carrera he aprendido a cuidar mi bienestar físico y emocional, lo que me ha permitido mantener la energía y la motivación. La docencia me llena de vida; cada día los niños y niñas me inspiran y me recuerdan por qué elegí este camino.
Siempre procuro transmitir a los docentes que recién comienzan entusiasmo, optimismo y buenas energías. Estoy convencida de que, cuando uno ama lo que hace y trabaja con pasión, el cansancio se vuelve más llevadero y la vocación se fortalece cada día.
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Una de las prácticas que más ha contribuido a este proceso ha sido el mindfulness. Gracias a él, he ido desarrollando la capacidad de autorregular mis emociones y responder de manera más consciente frente a situaciones difíciles. Poco a poco he aprendido a no reaccionar impulsivamente ante conductas que percibo como agresivas, sino a detenerme, reflexionar y comprender que mi primera interpretación de los hechos no siempre representa la realidad. Esto me ha permitido ser menos reactivo, más paciente, tolerante y compasivo, evitando conflictos y discusiones innecesarias, y fortaleciendo mis relaciones interpersonales.
En mi rutina diaria he incorporado acciones concretas de autocuidado. Cada mañana, antes de iniciar mi jornada laboral, me dedico unos minutos para preguntarme cómo me siento, qué necesito y cuál es mi estado emocional. Este espacio de reflexión me ayuda a comenzar el día con mayor conciencia y disposición. Además, procuro saludar a mis colegas con una sonrisa y una actitud cercana, ya que he comprobado que pequeños gestos de amabilidad generan un ambiente laboral más positivo y favorecen relaciones de confianza y respeto mutuo.
Con mis estudiantes también he integrado prácticas orientadas al bienestar emocional. Habitualmente los invito a pensar en algo valioso que tengan en sus vidas y por lo cual puedan sentirse agradecidos, reflexionando sobre cómo se sentirían si aquello dejara de estar presente. El propósito es fomentar la gratitud y ayudarles a valorar aspectos cotidianos que muchas veces damos por sentados. Considero que este ejercicio fortalece una mirada más positiva y consciente frente a la vida.
Asimismo, hace un tiempo comencé a escribir un diario de gratitud. Esta práctica me ha permitido reconocer, día a día, las experiencias, personas y oportunidades por las cuales puedo sentirme agradecido. Con el tiempo he comprobado que cultivar la gratitud no solo mejora mi estado de ánimo, sino que también me ayuda a enfrentar los desafíos con una actitud más optimista, resiliente y esperanzadora.
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En educación solemos priorizar las necesidades de nuestros estudiantes y el cumplimiento de múltiples responsabilidades, dejando nuestro propio bienestar en segundo plano. Sin embargo, esta sesión me hizo reflexionar que dedicar unos minutos a respirar conscientemente, observar nuestras emociones y reconocer lo que necesitamos no significa perder tiempo, sino prepararnos para responder de mejor manera a los desafíos diarios.
También comparto la idea de que el autocuidado debe trascender lo individual. Como comunidades educativas necesitamos construir una cultura donde el bienestar sea un valor compartido, promoviendo espacios de escucha, respeto, colaboración y pausas conscientes que fortalezcan a los equipos. Cuando un docente está presente, emocionalmente equilibrado y conectado consigo mismo, transmite esa calma y seguridad a sus estudiantes, favoreciendo un ambiente más positivo para el aprendizaje.
Creo que el gran desafío es transformar estas prácticas en hábitos cotidianos. No se trata de hacer grandes cambios, sino de incorporar pequeñas acciones de manera constante, entendiendo que cuidar de nosotros mismos es también una forma de cuidar a quienes educamos.
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Al revisar el material, me resultó muy revelador constatar la evidencia neurocientífica que señala que nuestro cerebro posee una red que tiende, por defecto, a la divagación. Comprender que existe un ciclo dinámico entre la divagación y la atención, y que la ciencia ha comprobado que una mente distraída es una mente menos feliz, me ha hecho replantear cómo abordo mis jornadas escolares. Considero que este recurso es profundamente útil y aplicable a nuestra labor pedagógica por las siguientes razones:
El cuerpo como anclaje: El cuerpo siempre se encuentra en el presente, por lo que se convierte en el espacio ideal al cual acudir cuando buscamos vivir la experiencia del aquí y el ahora. Conexión con el entorno: Los seres humanos conocemos lo que nos rodea a través del cuerpo mucho antes de aprender a hablar, por lo que el entrenamiento en Mindfulness nos permite utilizarlo como un instrumento más fiable para conocer la realidad. Naturaleza social del aprendizaje: Dado que nuestro cerebro es intrínsecamente social gracias a las neuronas espejo, la consciencia de nuestro estado físico impacta directamente en quienes nos rodean. Desarrollo del cuerpo comunicativo: Entrenar nuestra expresividad nos permite construir un texto corporal a través de la comunicación no verbal, utilizando gestos que transmiten bienestar y que son capaces de crear un clima confortable y cálido con nuestros estudiantes. El gran desafío que me llevo de esta sesión es dejar de "pensar" en el cuerpo para comenzar a "sentirlo", asumiendo la regulación consciente de la atención para fomentar un entorno educativo mucho más apreciativo y motivador.
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Creo en la esencialidad de dar un respiro y descanso - relajante - a nuestro cuerpo, mente y salud emocional.
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Esta reflexión me permite comprender que el autocuidado no necesariamente requiere de grandes cambios, sino que puede comenzar a incorporarse a través de pequeñas acciones cotidianas. Considerando las demandas propias del quehacer docente, algunas prácticas que podría integrar en mi rutina son realizar breves pausas de respiración consciente durante la jornada, establecer límites más claros entre el tiempo laboral y personal, y procurar respetar momentos destinados al descanso y la desconexión.
Asimismo, considero importante promover el autocuidado dentro de la comunidad educativa. Una acción concreta podría ser generar pequeños espacios de escucha activa al inicio de las comunidades de aprendizaje o de los consejos de profesores, donde los docentes puedan expresar cómo se sienten, compartir experiencias y apoyarse mutuamente.
Incorporar estas prácticas de manera progresiva podría favorecer una mayor atención y presencia en el momento presente, disminuir los niveles de estrés y fortalecer tanto el bienestar personal como el de la comunidad docente. Comprendo que aprender a detenerme y dedicar tiempo a mi propio cuidado también es una forma de proteger mi salud y de desempeñar mi labor educativa de manera más consciente y equilibrada.
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Los avances de la neurociencia han aportado evidencia importante para comprender cómo funciona nuestro cerebro, cómo respondemos emocionalmente y de qué manera nuestras experiencias influyen en el aprendizaje y en nuestro bienestar. Desde el ámbito educativo, estos conocimientos adquieren especial relevancia, especialmente al considerar la diversidad de estudiantes que actualmente encontramos en las aulas y las distintas necesidades relacionadas con la atención, la regulación emocional y la concentración.
En este contexto, prácticas como la atención plena o mindfulness pueden convertirse en una herramienta significativa dentro de los espacios educativos. Su incorporación de manera sistemática, especialmente desde edades tempranas, puede favorecer la atención, la autorregulación y el manejo de las emociones. Esto resulta particularmente relevante frente al aumento de dificultades relacionadas
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En nuestro trabajo, donde diariamente cuidamos, acompañamos y entregamos lo mejor de nosotras, es importante recordar que también necesitamos ser cuidadas.
Cuidar nuestro cerebro, nuestro cuerpo y nuestra mente no es egoísmo ni una pérdida de tiempo. Es una manera de recuperar energía, prevenir el agotamiento y estar más presentes para nosotros mismos y para los demás.
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Muchas gracias.
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Cuando la salud mental de un docente se deteriora, el impacto no queda contenido en su esfera individual: se traslada al aula. Un profesor agotado, desmotivado o ansioso tiene menos capacidad de paciencia, creatividad y presencia para responder a las necesidades de sus estudiantes. Por el contrario, un docente que cuenta con espacios de contención, tiempo para el autocuidado y condiciones laborales dignas puede sostener vínculos pedagógicos más sanos, gestionar mejor los desafíos del aula y modelar, con su propio bienestar, una forma de relacionarse con las dificultades que resulta formativa para quienes enseña. En este sentido, cuidar la salud mental docente es también cuidar la calidad educativa.
Por ello, resulta urgente que las instituciones educativas y las políticas públicas asuman el bienestar emocional del profesorado como una responsabilidad compartida y no como un asunto exclusivamente individual. Esto implica generar espacios de escucha, reducir cargas administrativas innecesarias, ofrecer acompañamiento psicológico accesible y construir culturas institucionales donde hablar de las dificultades emocionales no sea motivo de estigma, sino una práctica normalizada. Invertir en el bienestar de quienes enseñan es, en última instancia, invertir en el futuro de quienes aprenden.
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El cerebro no funciona de manera aislada: necesita descanso, alimentación adecuada, movimiento, vínculos sociales y momentos de calma para regular nuestras emociones y responder mejor al estrés. Cuando vivimos constantemente bajo presión, nuestro sistema nervioso permanece más tiempo en estado de alerta, lo que puede afectar nuestra atención, memoria, sueño y capacidad para tomar decisiones.
Por eso, cuidarnos no significa solamente “sentirnos bien”. Dormir, hacer pausas, respirar conscientemente, mover nuestro cuerpo, compartir con personas significativas y reconocer nuestras emociones son acciones que pueden favorecer la regulación del sistema nervioso y mejorar nuestra capacidad de afrontar las dificultades.
Desde esta mirada, el autocuidado es también una manera de decirle a nuestro cerebro: “Estoy atento a mis necesidades y puedo darme un espacio para recuperarme”. No se trata de evitar el estrés, porque este forma parte de la vida, sino de aprender a alternar momentos de exigencia con momentos de recuperación.
En definitiva, cuidar nuestra mente también implica cuidar nuestro cerebro. Y cada pequeño acto de autocuidado puede ser una oportunidad para construir mayor bienestar, equilibrio y resiliencia
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Se les invita cordialmente a compartir, en pocas palabras, alguna experiencia, descubrimiento o reflexión que haya surgido durante la práctica de esta sesión. Esta instancia no tiene como propósito evaluar, juzgar o debatir las experiencias de otras personas, sino más bien ofrecer cada vivencia personal y, al mismo tiempo, escuchar con respeto la de los demás. Cada aporte representa una perspectiva única que contribuye a enriquecer el aprendizaje colectivo.